Por Anna Libey, Kelly Latham y Liza Rivera.
Con contribuciones de Grace Kanweri, Mtisunge Mngoli, Miguel Renteria, and Byron Palacios
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Los impactos de la crisis climática se experimentan cada vez más a través del agua. Se estima que el 90% de los desastres climáticos está relacionado con él, lo que pone en riesgo los sistemas hídricos y los medios de vida de miles de millones de personas, especialmente en los países que menos han contribuido a las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
En este contexto, fortalecer la resiliencia climática requiere reforzar los sistemas locales de agua y saneamiento y avanzar más allá de los marcos tradicionales hacia enfoques sustentados en la experiencia práctica.
Durante 2025, Water For People documentó al menos 80 adaptaciones orientadas a fortalecer la resiliencia climática a partir de una serie de estudios de caso en Guatemala, Malawi, Uganda y Perú. A continuación se presentan las principales lecciones derivadas de este trabajo.
Nuestro enfoque: basado en el riesgo y en el contexto local
Water For People ha estado integrando la resiliencia climática en el pensamiento de sostenibilidad durante más de una década, por medio de un marco basado en riesgos que se muestra en la Figura 1 y que considera tres elementos que interactúan: amenazas (sequías, tormentas, inundaciones y contaminación con mayor intensidad e imprevisibilidad), exposiciones (las características físicas de los sistemas que prestan servicios WASH), y vulnerabilidades (características de la población y de los propios sistemas de prestación de servicios). La combinación de estos tres elementos determina las prioridades de adaptación. Si bien no podemos modificar las amenazas, sí podemos reducir las vulnerabilidades y atender a quienes están desproporcionadamente afectados.

Las adaptaciones en los cuatro países se alinearon con tres objetivos generales:

Cabe destacar que las adaptaciones de infraestructura fueron las menos comunes de las tres, representando solo 18 de las 80 acciones documentadas, en comparación con 38 relacionadas con la gestión de servicios y 27 con la salud de los ecosistemas. Este hallazgo cuestiona la tendencia a priorizar la infraestructura física al analizar los impactos climáticos en los sistemas hídricos.
Lo que demuestra la evidencia: el punto distintivo es la variación
A partir de 80 adaptaciones documentadas, identificamos 24 tipos distintos de intervención y una diversidad aún mayor dentro de cada uno. Solo tres aparecieron en los cuatro países analizados: desarrollo de capacidades en sostenibilidad y resiliencia de los servicios, implementación de soluciones basadas en la naturaleza y evaluaciones de riesgos y de vulnerabilidad climática.
Incluso entre estos tipos compartidos, las soluciones adoptadas variaron significativamente según el contexto local. Las soluciones basadas en la naturaleza abarcaron desde la gestión del territorio para prevenir la erosión de cárcavas en Malawi hasta el mapeo de zonas de alta recarga para la conservación forestal en Guatemala, el establecimiento de viveros forestales para estabilizar las riberas de las cuencas hidrográficas en Uganda y la plantación de árboles en microcuencas de origen en Perú. Un mismo tipo de adaptación puede traducirse en soluciones muy diferentes, debido a la combinación específica de amenazas, exposición y vulnerabilidades presentes en cada territorio.
Otros tres tipos de intervención, que también destacaron por su prioridad en la mayoría de los países, incluyen:
- Monitoreo de la calidad del servicio, sostenibilidad y resiliencia
- Desarrollo y cumplimiento de políticas
- Alternativas tecnológicas e innovación
Otros ejemplos identificados en los estudios de caso de países incluyen el uso de energías renovables, soluciones de saneamiento, recuperación y reutilización de residuos, monitoreo de los recursos hídricos y establecimiento de programas de inversión en cuencas donde los usuarios de agua río abajo paguen por la protección río arriba.
La diversidad entre contextos subraya que la adaptación climática eficaz en materia de agua, saneamiento e higiene (WASH) depende fundamentalmente de cada lugar. Por ello, las evaluaciones de riesgo territorial son la forma más fiable de identificar qué cambios son necesarios y dónde deben implementarse.
Lecciones aprendidas y el camino hacia la resiliencia
El liderazgo local y la cohesión comunitaria no son negociables.
Los procesos inclusivos y participativos, alineados con los principios de adaptación liderada por actores locales, tienden a producir resultados más duraderos, pero sólo donde existen cohesión y organización comunitarias. Cuando las comunidades están fragmentadas o carecen de un liderazgo local, incluso las soluciones técnicamente más sólidas pueden resultar inviables en la práctica. En este sentido, fortalecer la organización social es en sí misma una forma de adaptación climática.
El aprendizaje bidireccional genera mejores soluciones.
Las adaptaciones que parecen novedosas para el sector WASH a menudo no lo son para las comunidades. Muchas prácticas ancestrales, en particular aquellas vinculadas con la gestión del agua basada en la naturaleza, preceden e inspiran lo que los profesionales definen como innovación. Diseñar programas con una intención genuina de aprender, y no únicamente de transferir conocimientos, conduce de manera consistente a soluciones más pertinentes y efectivas.
Todavía carecemos de los marcos de medición que exige la resiliencia.
Water For People se ha asociado con gobiernos para medir la calidad y la sostenibilidad de los servicios WASH durante más de una década. Sin embargo, los indicadores sólidos de resiliencia —especialmente a escala distrital o regional— siguen estando escasamente desarrollados. Herramientas como "¿Qué tan resistente es el WASH? han generado información valiosa a nivel de sistema, pero aún se requiere un enfoque de medición claro que permita definir las prioridades climáticas en todo un distrito. Actualmente colaboramos con la OMS y UNICEF para identificar indicadores de WASH resilientes al clima que servirán de base para el futuro monitoreo global del JMP y GLAAS, y ajustaremos nuestros marcos en consecuencia.
La resiliencia también requiere coherencia de las políticas en todos los niveles de gobierno.
Las políticas climáticas nacionales que incorporan la resiliencia en materia de agua, saneamiento e higiene (WASH), así como las políticas nacionales de WASH que incorporan la acción climática, crean un entorno propicio para el progreso. Cuando los marcos nacionales conectan los compromisos globales con las necesidades locales, los recursos financieros pueden destinarse a las adaptaciones de mayor impacto. Por el contrario, la falta de alineación entre los niveles de gobierno sigue siendo una de las barreras estructurales más importantes para escalar estas soluciones.
Desarrollar la resiliencia es un proceso, no un proyecto.
Muchas de las adaptaciones más impactantes —en particular las intervenciones basadas en ecosistemas— producen resultados en plazos que superan los ciclos estándar de los proyectos. Por ejemplo, plantar árboles en una zona de recarga no aumentará de forma medible la disponibilidad de agua en la estación seca hasta que esos árboles se hayan establecido. Esto exige establecer expectativas realistas con los financiadores, invertir en indicadores intermedios y priorizar a los socios con un compromiso genuino a largo plazo.
La integración intersectorial es la próxima frontera.
Los servicios de agua y saneamiento no pueden gestionarse de forma aislada de los ecosistemas de agua dulce que los sustentan, ni de los sistemas agrícolas, ambientales y de salud que interactúan con ellos. La programación, el financiamiento y la incidencia en políticas públicas deben reflejar esta realidad, superando el enfoque compartimentado de WASH y avanzando hacia estrategias que involucren sistemas vivos y dinámicos moldeados por la variabilidad climática.
La inversión en el sector WASH no debería comenzar por infraestructuras, sino por una evaluación estratégica de la vulnerabilidad y la resiliencia climática.
Conocer las vulnerabilidades ambientales permite a los gobiernos locales priorizar y realizar inversiones más eficientes y sostenibles, promoviendo así la seguridad hídrica en el sector WASH.
Conclusión
Juntos, los estudios de caso de Guatemala, Malawi, Perú y Uganda sobre WASH resiliente al clima revelan tanto avances significativos como la magnitud del trabajo pendiente. También destacan formas prácticas de fortalecer la resiliencia, impulsadas por el liderazgo local, la cooperación y la resolución adaptativa. Estas experiencias ofrecen lecciones valiosas para construir sistemas de agua y saneamiento más adaptables y duraderos frente al cambio climático.